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¿Alguna vez has tenido miedo de tus propios deseos?

No es el deseo lo que nos asusta, sino lo que ocurre cuando nos atrevemos a vivirlo.

Ese miedo genera resistencias y autosabotajes que nos impiden encontrarnos con lo que realmente queremos. Parece una paradoja, pero es así: deseamos… y al mismo tiempo nos boicoteamos.

Una manera de suavizar este autoboicot es desarrollar por ti mismo aquello que deseas, en lugar de esperar a recibirlo solo de fuera.

Esto no elimina la raíz del problema, el apego, pero sí te permite también vivir lo que deseas de una fuente externa.

Por ejemplo, si tu deseo está representado por el número 5, que está asociado a la aventura, a los viajes, a la experimentación, al extranjero, conexión con otras culturas, vivir en otros lugares… y no te lo permites, difícilmente te atreverás a desear una pareja que tenga manifestado este 5. Porque si ese deseo solo se alimenta de tu pareja, el riesgo de apego será mayor y las consecuencias más problemáticas.

En cambio, si tú mismo te permites ser el viajero,  aventurero, el que se abre al cambio y a la libertad, sentirás que ese 5 ya te lo das tú. Y desde ahí, estarás más preparado para compartirlo también con otra persona que lo traiga.

Démonos aquello que deseamos a nosotros mismos pero también atrevámonos a desearlo y elegirlo fuera.

 

 

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