Cuando te atreves y vives lo que deseas, lo que te estimula no es solo vivir tu deseo, sino quien eres mientras lo estás viviendo…
Pero también ocurre de forma inversa.
Cuando te ves atrapado en tu deseo, por apego, dejas de ser quien eres… y eso es lo que realmente te duele.
En definitiva, es una traición a ti misma…
Pero no se soluciona dejando de lado nuestros deseos, sino viviéndolos con conciencia, de tal manera que no dejemos por el camino de ser quienes somos, sino que ese deseo siga inspirándonos, no limitándonos.
Y eso requiere observarnos constantemente para reconocer cuándo seguimos siendo nosotros mismos y cuándo hemos empezado a alejarnos de quienes somos.
Así, puedes desear y elegir estar con una persona por lo talentosa, capaz o inteligente que es, y que eso despierte en ti las ganas de aventurarte, experimentar, viajar…
Pero cuando llevas un tiempo con esa persona, si empiezas a apegarte a ella, puedes cerrar tu mundo, volverte más convencional, dejar de hacer ciertas actividades o perder esa chispa aventurera que antes te acompañaba.
No es que ya no seas eso.
Es imposible.
Forma parte de tu identidad.
Pero lo has ido dejando apartado… hasta que llega un momento en que apenas te reconoces en quien eras antes.
El problema no estuvo en atreverte a elegir a una persona con esas características, puesto que es lo que está en sintonía con tu identidad.
El problema estuvo en el precio que pagaste por conservar aquello que deseabas.
Por apego.
Esto es lo que tenemos que evitar: dejar de ser quienes somos por apego a nuestros deseos, tomen la forma que tomen.
Porque el problema nunca estuvo en desear.
El problema aparece cuando, para sostener aquello que deseamos, dejamos de sostenernos a nosotros mismos.
Si te apetece comprender qué partes de tu identidad estás expresando, cuáles has dejado en segundo plano y cómo recuperar una dirección más alineada contigo, estaré encantada de acompañarte.



