Estoy leyendo la biografía de “Peggy Guggenheim. Confesiones de una adicta al arte”, y uno de sus párrafos muestra claramente el “peligro” que corremos cuando nos atrevemos a vivir nuestro propósito: creer que somos eso…
Peggy fue una mujer visionaria para su época, mecenas y coleccionista de arte moderno. Hizo honor a su Secuencia Cuántica 7753:
Una autodidacta que buscaba el conocimiento, la cultura (7), con un deseo de expandir el arte (3) a través del cambio, la comunicación y la rebeldía ante lo establecido (5).
Y sí, lo vivió…se atrevió, con todo lo que ello conlleva, especialmente encontrarse con su sombra… admirable ya solo por ello, y más haciéndolo con tanto éxito.
Pero hay un “pero” y es algo que nos sucede al ser humano cuando vivimos nuestro propósito: tendemos a creer que somos aquello que hacemos, lo que logramos o conquistamos.
En el libro se muestra muy bien cuando dice:
“Poco a poco, Peggy llegó a la conclusión que la colección es el coleccionista. Sin colección no hay coleccionista.”
“Con el paso de los años, y el aumento de su sensación de aislamiento, su principal inquietud fue que a su muerte quedara todo intacto. ¿Cómo lo protejo? Es mi imperio, mi museo. Es lo que le dice al mundo que he sido. Si ya no existe, yo tampoco existo.”
Nos identificamos con el propósito…olvidando lo esencial: no somos aquello que hacemos, que logramos o conquistamos…
Somos energía, conciencia utilizando una identidad para experimentar en este juego a través del deseo, de la materialización de nuestro propósito.
Este es el origen del apego y de que dejemos de utilizar conscientemente la sombra, con todo lo que ello implica.
Somos…y siempre seremos, cosa que el ego no contempla, independientemente de lo que suceda con nuestro propósito.
¿Te ha pasado alguna vez identificarte tanto con lo que haces que olvidaste quién eras más allá de eso?
Si te apetece, cuéntame tu experiencia.



