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A veces no encontramos palabras para explicar qué es lo que nos atrae de una persona.

Pero que no sepamos concretarlo no significa que no haya una explicación a esa atracción, a ese deseo.

La hay.

Se puede definir tan bien como cualquier otro aspecto de nuestra vida.

Lo que ocurre es que la emoción, a veces, lo dificulta.

O que reconocer con claridad aquello que deseamos implica mirarnos de frente…

y eso  eso a nuestro ego no le gusta…porque le asusta.

Venimos “de serie” con la información de cómo es la persona que deseamos.

Esa información no es mental.

Está implícita en nuestras células, en nuestro ADN, en lo que somos, en nuestra estructura.

Esto no significa que lo vivamos en todas las relaciones que experimentamos.

Muchas veces no lo hacemos porque nos da miedo sostener eso que realmente deseamos.

Y entonces nos resulta más fácil vincularnos con quien se parece…

o con quien ocupa ese lugar sin serlo del todo.

¿Y qué tiene de positivo poner palabras a eso que a veces no sabes explicar que te atrae, que deseas?

Definición.

Reconocimiento.

Y, sobre todo, no dejarte llevar por el ego cuando intenta convencerte de que alguien es,

cuando en realidad no lo es.

Más allá de eso, aparece algo muy valioso:

entendimiento… y mucha paz.

Porque cuando algo es coherente contigo, resuena por dentro.

Estas palabras no son cualquiera.

Las reconoces porque las elegiste tú antes de entrar en este juego.

Como motor de tu vida.

Como deseo, el cual está vinculado a tu identidad.

Y todo ello está codificado en tu Secuencia Cuántica.

Si sientes que este tema te toca de cerca y te apetece profundizar en esta mirada, en febrero

inicio un Curso de Numerología Cuántica donde trabajamos, entre otras cosas, la identidad,

el deseo y los patrones desde los que elegimos y nos vinculamos.

Te dejo aquí toda la información, por si quieres leerla con calma:

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